Visita virtual

 

planta-iglesia

1.- El Entierro del Señor de Orgaz
2.- Crucificado. Luis Tristán
3.- Inmaculada. Luis Tristán
4.- Piedad
5.- Retablo de la Virgen de Guadalupe
6.- Retablo de la Virgen con El Niño
7.- Retablo de la Capilla de La Encarnación
8.- San Pedro y San Pablo
9.- Capilla Mayor
10.- Sepulcros
11.- San Juan y San Elías
12.- La incredulidad de Santo Tomás
13.- Virgen Inmaculada
14.- Pila Bautismal
15.- Custodia

 

 

 

1.- El Entierro del Señor de Orgaz

El 18 de marzo de 1586, el párroco Andrés Núñez de Madrid, firmó contratos con Doménico Teotocópuli, El Greco, para que se perpetuara en un lienzo el milagro del entierro y así nadie
en adelante olvidara a Don Gonzalo Ruiz de Toledo, Señor de Orgaz.

Gracias a unas excavaciones, comenzadas a primeros de marzo de dos mil uno en el centro de esta Capilla de la Concepción de Nuestra Señora, se ha descubierto de nuevo, el sarcófago de
granito, noble pero austero, que contiene los restos del Señor de Orgaz. Además también se han puesto al descubierto parte del enlosado de la época y del antiguo muro de la iglesia que construyera el mismo Don Gonzalo.

Los términos firmados para la realización del gran lienzo eran bastantes explícitos:

“Que en el lienzo se ha de pintar, una procesión de cómo el cura y los demás clérigo que estaban haciendo los oficios para enterrar a Don Gonzalo Ruiz de Toledo. Y también se ha de pintar
a San Agustín y a San Esteban, que bajaron a enterrar el cuerpo de este caballero, el uno, teníendolo de la cabeza, y el otro de los pies, echándolo a la sepultura y fingiendo alrededor
mucha gente que estaba mirando y encima de todo esto se ha de hacer un cierlo abierto de gloria…”

La figura de Don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, enterrado en esta Iglesia, y su espíritu de caridad y fe, siguen estando presente hoy día. Pues si hace casi siete siblos eran las rentas
que encomendó en su testamento las que ayudaban a los más pobres de la ciudad, hoy día son los ingresos originado por la visita turística, los que sufragaban innumerables obras de caridad
entre los más necesitados.

Don Gonzalo sigue haciendo el bien. Y es que sólo el amor traspasa los siglos, sólo el amor ha vencido a al muerte.

 

 

2.- Crucificado. Luis Tristán

crucificadoBajo un cielo tormentoso e iluminado por relámpagos, representó el toledano Luis Tristán, pintor formado en el taller de El Greco y máximo exponente de la Escuela Toledana del siglo diecisiete, a este Cristo Crucificado de aire crispado y patético.

Este Cristo, el más importante de los que pintó Tristán, carece de esa espiritualidad de la que gozaban las pinturas de su maestro El Greco, aunque si refleja esa tipología de anatomías modeladas con gran vigor, de fuertes musculaturas y cuerpos torsionados.

La ciudad que se representa al fondo, semeja aquellas que aparecen en algunas pinturas de El Greco, aunque Luis Tristán le da al conjunto un aire tenebrista de intensa espiritualidad, típica de su estilo, seguramente debido al contacto que tuvo en Italia con la pintura de Caravaggio, máximo exponente del tenebrismo, estilo basado en el claroscuro, con un uso protagonista de las luces y sombras y del “sfumato” o técnica del difuminado.

 

 

 

 

3.- Inmaculada. Luis Tristán

lainmaculada“¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo: bendita tú eres entre las mujeres.”

María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Del taller del toledano Luis Tristán, es esta representación de la Inmaculada Concepción, en la cual se pueden apreciar detalles de la transición entre el estilo propio del renacimiento, con otros más naturalistas de influencia flamenca, propios del siglo XVII.

Una Inmaculada en la que se muestra el símbolo del dominio de la Madre de Jesús, sobre los elementos celestes. Para ello, Luis Tristán representa a la Virgen situada sobre su media luna, como si estuviera flotando, con una túnica carmín y un manto azulado repleto de pesados y abundantes pliegues.

Luis Tristán, nos presenta una naturaleza idealizada, cargada de simbolismos. El ciprés, símbolo de ascensión, del árbol de la vida. Rosas, lirios y azucenas, simbolizan el amor y pureza.

La fuente blanquecina de la que emana agua en abundancia, así como el pozo de aguas vivas, representan la bondad y la vida.

La custodia, donde se guarda la Sagrada Forma, es el mejor símil de la imagen de la Virgen, quien fue portadora del cuerpo de Cristo.

 

 

4.- Piedad

lapiedadLa muerte de un hijo, un dolor difícil de soportar y …, difícil de conocer por quién no lo ha sufrido. Es este dolor, el que la Virgen María soporta ante su hijo muerto y que, un autor anónicmo quiso representar en este lienzo.

La imagen de la madre de Dios, que aparece portando en sus brazos a su hijo muerto, posee una fuerte relación con un tema iconográfico sobre la Virgen de los Cuchillo, por la gran espada que sobresale de su pecho.

La madre, toma a su hijo, Cristo, recién muerto, como nos indica la todavía, sangrante herida de su costado. Herida que igual que las de las manos y pies, resaltan en un cuerpo yacente de un fuerte blanco marmóreo.

En la cara de Cristo, un dulce rictus de muerte es igualmente teñido de blanco por el autor, quien con este tono de piel, contrasta al Cristo muerto con los coloridos ropaes del resto de personajes.

La escena, es envuelta por el autor en un halo de misterio mediante el ejemplo de una peculiar iluminación artificial con la que destaca a los personajes, y mediante el humo que asciende de los hachones encendidos por quien dio la vida por los demás. Unos hachones portados por unos ángeles entristecidos. Ángeles con mano en el pecho, como muestra de tristeza y con
una inclinación de cabeza como reverencia al Cristo muerto.

Destaca en esta obra, el donante de la misma, el cual es representado en la parte baja del cuadro, de un modo austero y sencillo, con el hábito religioso de la orden franciscana.

 

 

5.- Retablo de la Virgen de Guadalupe

retabloAnte usted, el retablo de la Virgen de Guadalupe, en honor a la Virgen de este nombre, que ocupa el habitáculo central del mismo. Un retablo de estilo manierista, fechado entre finales del siglo XVI y principios del XVII, un periodo de transición entre las últimas tendencias del Renacimiento y las primeras del Barroco, si bien, la mesa rococó del altar es porterior.

En su parte inferior, el relieve central nos presenta una escena con San Francisco de Asís y los situados bajo las dos columnas, al Ángel Gabriel y la Virgen, representando el pasaje de la Anunciación.

Los relieves bajo las pinturas, hacen alusión a los cuatro evangelistas: San Juan, San Marcos, San Mateo y San Lucas, y en los extremos, bajo las pilastras, deberían aparecer San Pablo y San Pedro, pero desgraciadamente, de éste último, no se conserva la figura.

En la parte superior del retablo, un ático, coronado por un frontón triangular con bolas de estilo herreriano, alberga un relieve con la imagen del Padre Divino.

Pero son, las pinturas, lo más interesante del conjunto. La central, de mayor tamaño, representan a San Roque y al ángel en un entretenido diálogo, en el que el santo,
apoyado en su vara, descubre la herida de su rodilla izquierda.

En las cuatro tablas restantes se han representado: arriba a la izquierda, el Bautismo de Cristo, cuando en el río Jordán, recibe el agua de la mano de San Juan Bautista. De esta pintura, destaca la suavidad y detalle con que se está tratando el paisaje y el notable estudio anatómico de los dos personajes, además del interesante rompimiento de gloria de la parte superior, en el que aparece Dios Padre enviando al Espíritu Santo en forma de paloma e iluminando toda  omposición.

Bajo esta pintura, otra con la escena del lavatorio de Cristo, en el que se ha querido identificar al emperador Carlos V, con el personaje que lava los pies a Cristo, vestido como un peregrino. De derecha a izquierda, un personaje jesuíta, que bien podría ser San Ignacio de Loyola, Santa Leocadia, con una jarra sobre una bandeja, un clérigo dominico, y un personaje con capa y gran cruz identificado por algunos como San Ildefonso, Arzobispo de Toledo.

La pintura superior derecha, es una representación de San Francisco, que aparece arrodillado recibiendo los estigmas de la pasión. Abajo, San Bernardo arrodillado también, dentro de su celda, contempla con las manos juntas, la aparición de la Virgen con el Niño, en un espectacular rompimiento de Gloria.

De la mesa rococó, destacar la representación de los atributos sombólicos del santo, libros, pluma, mitras y un jarrón con azucenas, alusivo a la pureza.

 

 

6.- Retablo de la Virgen con El Niño

virgenninoArquitectura, escultura y pintura, se conjugan en este retablo, para componer un elegante conjunto, que se ha fechado en la segunda mitad del siglo XVI, dentro de la corriente manierista de este período pero, con un diseño totalmente clasicista. Elementos como el frontón roto y curvo donde se apoyan las esculturas superiores, es prueba de ello.

Conocido como el retablo de la Virgen con el Niño, la escultura central que la preside, está trabajada con la misma delicadeza que transmiten sus dos figuras; la manera de la Virgen de colocar sus brazos para sujetar al Niño, la cercanía de sus rostros…, pero sobre todo, las tenues y sutiles sonrisas de ambos, convierten el conjunto, en un privilegiado lugar donde encontrar la esperanza y el recogimiento que solo puede ofrecer una madre.

En origen esta escultura, se hallaba sin la policromía que hoy la recubre, al igual que el resto de figuras de la parte superior o los relieves bajo las columnas corintias.

La parte superior de este retablo, contiene un gran número de símbolos, pues en lo más alto, la Caridad es acompañada a los lados, por la Fortaleza, apoyada sobre una columna, y por la Prudencia o Templanza, tendida sobre el frontón. En el centro, un fondo pintado con la ecena de la Anunciación, en la que el ángel Gabriel anuncia a la Virgen, que concebirá al Hijo de Dios.

En la parte inferior del retablo, bajo las columnas, a la izquierda, San Juan Evangelista, y a la derecha, San Juan Bautista. Ambos relieves poseen cuerpor pronunciados, con un buen modelado anatómico y un volumen que nos indica una inspiración en los modelos de Miguel Ángel.

Entre estos dos relieves, un tondo circular que, entre jugosas guirnaldas de frutos que caen sobre las figuras de dos alegres niños desnudos, sirven de marco a una pintura donde se representa a Santa Lucía, con los símbolos del martirio, la palma y los ojos sobre la bandeja.

 

7.- Retablo de la Capilla de La Encarnación

laencarnacionSin lugar a dudas, la conservación de todo tipo de documentos, proporciona valiosa información sobre diversos acontecimientos y por supuesto, sobre las obras de arte.

Gracias a uno de estos documentos, fechado en el años 1573, podemos saber que en día que el pintor Hernando de Ávila, se obligó junto al escultor Nicolás de Vergara el Viejo, a componer este retablo en el año 1566. Aunque la parte escultórica correspondería a un tercero, Diego de Velasco de Ávila.

Este retablo se sitúa en la Capilla de Don Juan Nuñez de Toledo, también llamada Capilla de la Encarnación, cuyo estilo pertenece a esa etapa de transición del último tercio del siglo XVI, denominado estilo manierista.

El banco o parte más baja de este retablo, dividido en tres frisos de mármol blanco, en los que aparecen en los laterales, los cuatro evangelistas, a la izquierda San Mateo y San Juan, a la derecha San Lucas y San Marcos y en el centro, San Pedro, con las llaves y San Pablo, con una cruz.

Las columnas de mármol rojo, enmarcan pinturas con escenas bíblicas y de santos. En la zona inferior, en el centro, se ilustra la Presentación del Jesús Niño en el Templo, y en parte derecha, a San Agustín y a Santa Magdalena Penitente y a la izquierda a San Juan Bautista y una escena de la Visitación o Santa Isabel y la Virgen.

En la parte superior, en el centro una imagen de San Jerónimo Penitente, golpeando su pecho con una piedra, flanqueado por el arcángel San Miguel a la derecha y el episodio de la dida de Santo Tomás a la izquierda.

El retablo aparece coronado en su parte superior por una representación escultórica de Dios Padre bendiciendo con la mano derecha y sujetando con la izquierda la bola, símbolo del mundo.

El estilo del pintor, Hernando de Ávila, se caracteriza por un volumen amplio y fuerte en las figuras, dominando la representación de la anatomía humana, especialmente en los torsos. Así los rostros de los distintos personajes, transmiten toda la fuerza interior de estos. También cuida mucho los detalles, ejemplos son, los cabellos, las barbas, los pliegues de los vestidos o los fondos de los paisajes y arquitecturas.

El efecto de perspectiva, lo alcanza, en el caso de la Presentación en el Templo, gracias a la disposición de la gran mesa, el fondo de columnas o la decoración del suelo en perspectiva fugada.

 

 

 

8.- San Pedro y San Pablo

sanpedroysanpabloTanto la imagen de San Pedro, como la correspondiente a San Pablo, con la que hace pareja, son dos copias que realiza el pintor Simón Vicente en el año 1673, de las pinturas de Antonio de Pereda, situadas en la Iglesia de las Carmelitas Descalzas de Toledo.

Ambas son pinturas de medio cuerpo, en las que destaca la fuerte constitución anatómica de ambos santos y la expresividad de sus rostros con majestuosas barbas blancas.

Los fondos oscuros, hacen que los colores de las túnicas y los mantos, tomen el protagonismo de los lienzos y sirvan de marcos de excepción a unos rostros y manos cargados de expresividad y tensión.

San Pedro porta en sus manos las llaves del cielo, y San Pablo la espada que constituya su atributo.

Obras de gran calidad, llama poderosamente la atención, el naturalismo con el están representados espcialmente los rostros y las manos.

 

 

9.- Capilla Mayor

capillaDesde 1483, se tiene noticias sobre la construcción de esta capilla, capilla que resalta por su elegancia y pureza de líneas.

Su construcción fue llevada a cabo para el entierro, de la ilustre familia toledana de los Ayala-Silva, Condes de Fuensalida.

Para levantarla, hubo que derribar la cabecera mudéjar existente, desde que el Señor de Orgaz mandase remodelar esta Iglesia de Santo Tomé, a finales del siglo XIII.

La Capilla se construye siguiendo las dos corrientes estilísticas existente en Toledo en el siglo XV; el gótico flamígero, estilo complejo y recargado, enórmemente dinámico y móvil, y el estilo
mudejar, en el que se conjugaban estilos y técnicas musulmanas con las cristianas.

El resultado de todo ello, fue esta sobria cabecera gótica de estilo flamígero de planta y alzado sencillos, en la que predomina la claridad y limpieza espacial. Un lenguaje en definitiva, muy
racionalista, en el que predomina el carácter estructural sobre el decorativo.

La luz en esta capilla, se reduce a la que entra por los dos pequeños huecos laterales, gracias a los cuales se iluminan tenuemente las bóvedas de nervios, que en el caso de la bóveda, están
decorados con pinturas, así como las arandelas de madera que decoran los puntos de unión de esos nervios.

El inicio de estos nervios, en el propio muro, se sustenta sobre unas ménsulas policromadas, que en el caso del tramo central, representan a los cuatro evangelistas.

La pintura en forma de cuadrículas que decora los muros, no es sino un intento de reproducir parámetros de sillas, sin duda, un sistema de construcción más noble, pero también costoso.

 

 

10.- Sepulcros

sepulcroLa construcción de esta Capilla de Santo Tomé, fue realizada para albergar los sepulcros de la familia de los Condes de Fuensalida, llegando a ser seis, los miembros de esta familia cuyos restos descansan hoy aquí.

Los Condes de Fuensalida, constituíana quizás, la más ilustre familia toledana del siglo XV, cuyos favores procedían del monarca Enrique IV.

En sus laudas sepulcrales, se refleja perfectamente el estilo gótico propio del siglo XV, como es la utilización de pizarra negra para su realización con hojas de cardo que envuelven los escudos heráldicos.

Los condes de Fuensalida, provienen de la unión de dos familias enfrentadas en un tiempo y unidas finalmente por un matrimonio. En algunos sepulcros, pueden conocer los escudos de ambas familias el de los Ayala, con las aspas que enmarcan a una pareja de lobos y el de los Silvas con un león rampante.

 

 

11.- San Juan y San Elías

esculturaEsta capilla guarda en sus muros importantes obras artísticas de gran calidad, entre las que destacan estas esculturas del profeta San Elías, y de San Juan Bautista, de estilo barroco castellano y realizadas en el siglo XVII.

Ambos santos son representados sentados en una roca. Así San Elías presenta una actitud adormecida y San Juan Bautista, es plasmado con una pose muy teatral y llena de movimiento, produciendo cierta sensación de desequilibrio.

Ciertamente, es una escultura de gran firmeza, que el autor nos transmite con el apoyo de su pierna izquierda, que junto al elegante moviento de brazos y dedos, son todo un alarde técnica.

Descatan también las facciones del rostro y el detallismo y naturalismo de su vestimenta, que no hace pensar que estmaos ante una obra de primera categoría dentro de la escultura barroca española.

San Elías, en una pose totalmente opuesta a la de San Juan, mucho menos dinámica, parece sumido en una profunda reflexión o sueño, como adormilado. Esto no impide que su rostro trasluzca la interioridad espiritual de la que fue portador. La frente arrugada, sus pómulos acentuados, la nariz aquileña, sus mejilla hundidas, los párpados cerrado y su rizada melena y barba, transmiten el carácter propio de la espiritualidad.

 

 

12.- La incredulidad de Santo Tomás

santotomas“Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto mi dedo en el lugar de los clavos y meto mi mano en su costado, no creeré.

Entonces llegó Jesús, y le dijo a los discípulos:

Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino creyente.

¡Señor mío y Dios mío!

Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron.”

 

Esta representación del pasaje bíblico sobre la “Incredulidad de Santo Tomás”, que cierra la perspectiva del retablo mayor, es obra del que fuera pintor de cámara del rey Fernando VII e Isabel II, y director artístico del Real Museo del Prado, el pintor valenciano, Vicente López Portaña, fallecido en el año 1850, y máximo exponente de la pintura denominada estilo académico.

En la escena de composición limpia y ordenada en todos sus detalles, predominan los ritmos verticales, en donde el único personaje arrodillado, Santo Tomás, titular de esta iglesia, se convierte con un gesto ante Jesucristo, en un bellísimo ejemplo de majestad y solemnidad.
El resto de apóstoles, testigos del hecho, destacan por sus elegantes proporciones, su belleza idealizada y la perfecta caracterización psicológica de cada uno.

Es excepcional, la otra conversación que aparece en el cuadro, conversación que resulta del movimiento de manos y gestos, uno de los aspectos más difíciles de representar en toda la pintura universal, y que Vicente López resuelve aquí, con gran destreza y elegancia, especialmente en el grupo que formana la mano de Cristo sujetando la de Santo Tomás.

 

 

13.- Virgen Inmaculada

virgeninmaculadaDe finales del siglo XVII o principios del XVIII, es esta talla de la Virgen Inmaculada, un modelo que deriva de la Virgen Preexistente, aquella que Dios poseyó antes de que existiese algo en el mundo, una nueva Eva que vence a la serpiente.

Parece que un fuerte viento, agita el manto de esta Virgen Inmaculada, provocando marcados pliegues y ondulaciones en su ropaje, ropajes decorados con motivos ornamentales de
claveles y tallos florares, que parecen vibrar con el movimiento.

Todo este convulso movimiento, contrasta con la serena expresión de la Virgen, la cual, mantiene en orden su ondulada y larga cabellera morena, y su rostro, ovalado, con frente despejada, finos labios y largas cejas, transmiten una espiritualidad interior, alejada de la realidad que la rodea.

Una actitud serena, en un turbulenta tempestad. La Madre de Dios, que sobre la gran esfera dorada que simboliza el universo, aplasta a la serpiente que representa el mal, protegiendo a todos sus hijos de la tentación y el peligro.

Pero atractiva resulta también la peana sobre la que se eleva esta bellísima escultura, de original forma ochavada, en donde sus cara decoradas con las pinturas, reproducen temas arquitectónicos y marítimos.

 

 

14.- Pila Bautismal

pila“Qui crediderit et bautizatus fuerit salvus erit, qui vero non crediderit, condemnatibur”.

“El que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea, se condenará”.

Así reza la inscripción en latín de esta pila bautismal renacentista del siglo XVI.

Realizada en mármol, sus forma decorativas como el friso denticulado, las arquerías, los gallones, hojas de acanto, y baquetones verticales dispuestos en doble hilera, transmiten el espíritu clásico con el que fue realizada.

En origen estuvo colocada a alos pies de esta iglesia, en la nave del evangelio, en la Capilla Bautismal, en el lugar donde se ubicó el cuadro del Entierro del Señor de Orgaz.

El bautismo se considera como la victoria de la luz sobre las tinieblas, de ahí que se suelan colocar la pilas bautismales en los muros occidentales o septentrionales de la iglesias, en el lado oeste, relacionado con las tinieblas, el demonio y el pecado.

Su forma, similar a la copa que se utiliza en la celebración de la eucaristía, el cáliz, no es casual, pues la relación entre el bautismo y el Cáliz de Sangre, están presentes en las palabras de Cristo del Evangelio de San Marcos:

“¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber y ser bautizados con el Bautismo que yo he de ser bautizado?”.

Su forma circular es un símbolo de la bóveda celeste y emblema de perfección, así como representación del Paraíso y centro de la funte de la vida, el bautismo.

 

 

15.- Custodia

custodiaInspirada en la custodia que realizó para la Catedral de Toledo el insigne Enrique de Arfe, realizó ésta en 1883, Claudio Vegué.

Este tipo de “esculturas arquitectónicas”, tienen como función custodiar y exponer durante las procesiones, la Sagrada Forma. La procesión más importante en la que es empleada, es la que ser realiza el día del “Corpus Christi”.

Esta construcción, consta de tres cuerpos, el primero de los cuales, de mayor tamaño, alberga el ostentorio o viril, lugar dond se sitúa la Sagrada Forma. Así, en la base de este se pueden reconocer los bustos de Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista entre otros santo.

El segundo cuerpo, situado en el centro, alberga una escultura de Santo Tomás Apóstol, titular de esta iglesia, portando una lanza y un libro.

El último cuerpo, el situado más alto, encierra la figura esbelta de la Inmaculada en actitud orante con las manos juntas.

La constitución denominada custodia, está rematada con una cruz latina de rica decoración de hojas de acanto y perlas, con un cristal azul en el centro y una base compuesta de roleos vegetales.
Este tipo de esculturas, constituían a vece un banco de pruebas de elementos y formas de futuras arquitecturas. Así muchos de los elementos utilizados en las custodias, aparecen posteriormente formando parte de estructuras o decoración de edificios.